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Travesía Mendoza 2005
Esta es la primer travesía del Grupo Giorgio 4x4 constituido como tal, ya que previamente habíamos realizado recorridos a lo largo y a lo ancho del país pero bajo otro nombre. Tal vez por ello este tenía un sabor especial.
Nos reunimos a las 06:30 del miércoles 16 de Febrero en la Petrobras de Rondeau y Estomba de Bahía Blanca, cargamos combustible, desayunamos y a las 7:00 en punto partimos rumbo a Mendoza por la ruta 35.
El grupo estuvo compuesto por Julio y Susana en la Toyota SW 4, Ricardo y Mabel en Montero corta azul, Leo y Popi en Montero corta plateada, Sergio y Susana en Mitsubishi L200, Christian y Ornella en Montero corta plateada, Guillermo y Ana en Montero corta roja y Guillermo y Elcira en Montero corta verde. No pudieron ser de la partida Franco y Silvia ya que recibieron a sus parientes de Italia.
Devorando medialunas previo a una jornada de 1000 Km que se presentaba larga y cansadora.

La idea era alojarnos en la ciudad de Mendoza y desde allí realizar recorridos previamente coordinados con la gente del Club Mendoza de Aventuras 4x4.
El viaje de ida transcurrió sin problemas hasta que en Santa Rosa la L 200 tuvo un desperfecto mecánico que obligó a Sergio a retornar a Bahía Blanca, con el auxilio de Julio intentaron sin éxito realizar una reparación en Santa Rosa. Con un poco de preocupación el resto del grupo continuó el viaje.
Llegamos a Mendoza alrededor de las 18:30 y nos alojamos en el hotel Ibis, realmente recomendable por precio y servicios, ese mismo día nos encontramos con Hernán, coordinador de travesías del CMA y planificamos la salida del día siguiente.
El día jueves partimos por ruta 40 Norte rumbo al desierto de Lavalle, ubicado al Noroeste de la ciudad capital. Encabezó la columna el “Samurito” de Hernán, al que luego se sumó el Range Rover del Oso como vehículo de apoyo.

Dado que en los días previos a la travesía había llovido bastante en Mendoza, esperábamos encontrar pozones de barro como para calentar la muñeca, pero la sequedad del verano mendocino hizo que el agua se absorbiera muy rápido y sólo encontramos pequeños tramos de barro.
Ingresamos a la zona del desierto de Lavalle, con piso de arena cubierto por vegetación baja y espinosa. Circulamos por viejas picadas de exploración petrolera de YPF con fuertes trepadas en arena que nos obligó a desinflar los neumáticos. Fue una buena experiencia, con arena distinta a la que estamos acostumbrados a encontrar en la costa atlántica.

Cada pasada cerca de las jarillas y sus temibles púas hacían dudar hasta al más valiente, ese chillido de las espinas contra la pintura duelen más que si fueran en nuestra propia piel. Pero allí estábamos y debíamos continuar.
El almuerzo frugal bajo un algarrobo centenario nos dio un respiro contra el calor para tripulantes y máquinas. La nota la dio Guillermo que puso su Montero roja justo debajo del mismo algarrobo donde habíamos planeado almorzar, no sé qué irradiaba más calor si el sol o la parrilla de la Montero de Guillermo.

El regreso fueron más trepadas, más intentos fallidos de subida , más malacates trabajando a pleno. Por el tipo de suelo y la longitud de las subidas las SW4 se vió exigida y hubo que apelar a malacate para completar la subida. Luego de unas dos horas y media salimos a la ruta N7 pasando por Costa de Araujo.

Llegamos al hotel a coordinar nuestro segundo día en Mendoza y luego de algunas idas y vueltas decidimos cambiar la travesía por la Quebrada de las Quijadas por un trayecto que une la ciudad de Mendoza con Uspallata subiendo por la Quebrada del Toro , esta ruta era el camino de descenso de la ruta internacional a Chile , pero ahora está totalmente abandonado , con mucha piedra e invadido por la vegetación , luego la Cruz del Paramillo y desde allí por el viejo camino internacional a Chile, pasando por Uspallata.
El recorrido , si bien no presentó grandes dificultades técnicas, nos permitió ver paisajes poco conocidos , aún para quienes frecuentamos la ciudad de Mendoza.
Salimos por ruta 40 hasta pasar el monumento al la división del Ejercito de los Andes, donde tomamos a la izquierda rumbo a la Quebrada del Toro.
.El almuerzo lo hicimos en un lugar increíble, justo debajo del mirador en una garganta de 50 metros de altura.
Alli nuestros amigos del CMA nos sorprendieron con un pernil de cerdo a la masa, que estaba espectacular!!!! Como suele decir nuestro amigo Franco.
El único inconveniente fue una pinchadura de Leo , que a pesar que hizo buena letra toda la travesía, ese pinchazo le costó una cubierta ya que quedó destruida.

Pudimos ver tres cóndores volando a baja altura, tal vez pensaron que éramos su almuerzo, pero no tuvieron suerte, de todos modos la escena sirvió para que los muchachos consumieran varios mega de filmaciones.

A las dos de la tarde llegamos a Uspallata entrando por la ruta 52. Intentamos visitar el enterratorio incaico, pero la entrada estaba bloqueada.
La vista del valle de Uspallata desde este ángulo es espectacular ya que se puede apreciar la extensión e imponencia del mismo.

Luego de cargar combustible, 5 minutos de “descanso para ir al baño” y cargar termos para el mate partimos por lo que llamamos “ la etapa turística del viaje” : Ruta 7 rumbo a Las Cuevas ( impecable, salvo algunos tramos en reparación) . Pasamos por Polvaredas, Punta de Vacas, Penitentes donde paramos para sacar la foto de las camionetas en formación, luego Puente del Inca.
Bajamos a las termas de Puente del Inca, impactantes por el aspecto amarillo-ocre que da la cristalización de las sales el agua termal.

Finalmente llegamos a Las Cuevas. De alli subimos por los caracoles hasta el monumento al Cristo Redentor. El viento ya se hacía notar y con él la baja sensación térmica.
Un chocolate caliente tomado junto al Cristo Redentor, a mas de 4000 metros de altura no es algo que se pueda hacer todos los días.
El viaje de vuelta fue rápido y con una sola escala en Uspallata, el motivo? Nos esperaba una cena en la bodega La Misión en Chacras de Coria. Allí nos esperaban nuestros amigos mendocinos Ruth y Ricardo, quienes se habían ocupado de toda la logística gastronómica de nuestra estadía en Mendoza.

Llegamos al hotel cerca de la una de la madrugada y al día siguiente a las 8 otra vez arriba para prepararse y salir rumbo a la Pampa de Canota.
Tercer día. Salimos “tempranito” a eso de las 9 de la mañana, pero encontrar una gomería para reparar la cubierta de Leo fue toda una odisea, y al final... la cubierta era irreparable.
Tomamos el camino de Casa de Piedra , saliendo por detrás del Barrio Municipal en Las Heras. Luego de una trepada interesante llegamos a los hitos de 2500 metros y de tres mil metros. Las vistas hacia el valle eran imponentes.

Este recorrido pasa por lugares de gran valor histórico, ya que aquí se completó la preparación del Ejercito de Los Andes y se dividieron las columnas que cruzarían la cordillera al mando de Las Heras, Soler, San Martín y O´Higgings. El día anterior nosotros habíamos recorrido parte del trayecto del General Las Heras.
Lo llamativo es que esta zona de la Pampa de Canotas se encuentra una pista de aterrizaje de emergencia, que fue reacondicionada durante la crisis del año 82 con Chile.
Recorrimos los senderos jesuitas de las minas de oro, plata, plomo y zinc, vale la pena recordar que esta zona fue la primera en ser explotada para extracción de metales preciosos, allá por el siglo XVI.
Rumbo a la explotación minera de Minas del Paramillo pasamos por el famoso “escalón”, un corte en el camino de más de un metro de altura que para superarlo hay que rellenarlo con piedras sueltas. Por supuesto luego de cada pasada de cada camioneta, con su foto obligada, había que reconstruir parte del talud de piedras.

Nos esperaban con empanadas y asado a las 5 de la tarde en el emprendimiento de turismo minero Minas del Paramillo realmente ESPECTACULAR!!!
Regresamos por la ruta 52, pasando por los caracoles de Villavicencio, en muy buen estado. Paramos unos minutos para visitar las instalaciones del ex Hotel de Villavicencio, hoy inactivo.

Parece increíble encontrar tanto verde en medio de una zona desértica como es la precordillera de Los Andes. Aquí es donde nace la vertiente de agua mineral más famosa de la Argentina.
Para el final de este relato, dejamos la foto que mejor describe este recorrido por las tierras mendocinas, tan cargadas de historia y de buenos amigos:
 
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